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Hasta la cocina

 



Los gritos de la discordia
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Lunes, 22 de Febrero de 2010 19:12

 
Veinte años sin Fernando Martín
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Miércoles, 02 de Diciembre de 2009 16:40

 

 
La fuerza del bambú dorado
Blogs - Hasta la cocina
Miércoles, 11 de Noviembre de 2009 19:57

Año 1999. Laura y yo decidimos irnos de viaje a Lisboa en verano, durante los pocos días de vacaciones que tenía en aquel Odiel que funcionaba como un exprimidor a toda potencia. Yo no andaba muy católico, puesto que había sufrido un esguince en el trayecto hacia la cancha y tuve que pasar cuatro días en reposo absoluto. Pongo la tele y escucho que hablan de Lisboa. ¡Qué casualidad! Unos muchachos desgarbados se plantan en semifinales y les bailan el agua a Argentina. El último obstáculo hacia el oro, Estados Unidos, como casi siempre. Mi pierna se dormía. Mi amigo Emilio me visitaba, como casi siempre, para ver los grandes encuentros de baloncesto juntos, y nuestra actitud era la de casi siempre: "A ver si no perdemos de 20". Como todo el mundo sabe ya a estas alturas, aquel domingo del verano de 1999 comenzó una nueva era dorada en el deporte español, una ilusión incontenible por el sonido del balón cruzando una red atada a un aro que ha ido 'in crescendo' hasta llegar al éxtasis del anillo de Pau.

En aquellos tiempos de esguinces, viajes mirando la peseta y televisor con tubo de imagen, los nombres de Navarro, López, Reyes, Berni, Cabezas (su triple fue crucial en la final) y Gabriel, entre otros, cobraban vida a través de las emocionadas palabras de Pedro Barthe. Fue el salto de calidad del que hoy vemos el fruto. Gasol ha crecido como un bambú ante cada cambio climático en forma de banquillo, entrenador prepotente, lesiones o vientos de individualismo. Pablo Gasol ha sabido reinventarse en tres ocasiones en los últimos 10 años.

Primero, supo salir del papel de segundón de aquella selección de Sáinz de Aja para rebelarse como estrella indiscutible de la ACB el año del cambio de siglo. Nuevos tiempos llegaban a las canchas de este país. Un chico que tiraba de tres, mataba, se iba por velocidad de cuantos rivales se ponían delante... Era carne de grandes cosas. Quizá Lolo debió convocarlo para Sidney 2000. A lo mejor hubiese evitado aquel fracaso.

Mientras yo maltrataba mis tobillos saltando y engordando en la cancha del García Lorca, el hombr de la nariz aguileña era nombrado número 3 del draft por Atlanta Hawks. Mientras la explotación laboral seguía en los periódicos locales, él mejoraba su contrato ostensiblemente en Memphis y le meaba en la cara a Kevin Garnett. Cuando yo trataba de parar las arrancadas de Lolo en las pachangas, este chico de Sant Boix de Llobregat jugaba contra Michael Jordan.

Mientras Laura y yo mirábamos el cielo de Huelva tras un bocata en el Savarín, él se convertía en toda una estrella del firmamento americano. Yo tuve otro esguince y él seguía conteniendo como podía las críticas por 'soft'. A él le hicieron una canción muy crítica y yo le canté a Laura 'Debajo de la almohada' cierto 3 de junio inolvidable... A pesar del micrófono. Ya se palpaba la segunda reinvención del fan de los Estopa.

Llegaron las medallas cada verano mientras yo soñaba con que la profesión del periodismo fuese como la selección española: una piña, en trabajo y en reconocimiento. Y, en septiembre de 2006, todos nos olvidamos de las lesiones que habíamos sufrido en el cuerpo y en el alma para mimetizarnos con el barbado gigante que, en silla de ruedas, lloraba desconsolado porque se había quitado la espina de Lisboa: a pesar de no jugar la final, fue el gran protagonista, el Cid Campeador que apretó a los españoles en un puño victorioso.

El bambú iba creciendo, seguro, hiniesto, utilizando la suerte del viento para salir catapultado en la dirección deseada desde sus ancestros. Él siempre dice que había soñado con ganar tal o cual cosa, pero en realidad es un buen samaritano del basket: está haciendo realidad el sueño de todos nosotros. Y dentro del sueño, hay duermevela y pesadilla en forma de balón que se sale del aro, de grito seco que rompe una expectativa celebrada antes de tiempo ante una selección rocosa, veterana y muy inteligente. Rusia le hizo un favor a Gasol: dejarle un reto por conseguir para que, como Jordan, no se retire demasiado pronto por hastío de gloria.

La hoz de Kirilenko y compañía segó el bambú, pero no del todo. Quedó un hálito de vida y se regeneró como Lobezno, sacó sus garras y forzó su salida desde el estado del whisky hasta las luces de neón de Hollywood, mientras yo dejaba la estatua de Colón y abrazaba la Torre del Oro. La sonrisa de Magic quedó obsoleta y en Los Ángeles empezó a llevarse la barba y las greñas. El nuevo Bill Walton llegó a la ciudad y casi recitó el mantra de Julio César.

Y llegamos al presente. Stan Van Gundy toma malas decisiones, Howard siente los golpes cansinos del bambú y la cosecha no puede ser mejor en tiempos de crisis. Cuando media España anda medio deprimida, desayunando churros los lunes a las 11:30 y leyendo el periódico durante dos horas en el bar de la esquina consumiendo sólo una cerveza con aceitunas, una explosión amarilla nos devuelve a la alegría de otros tiempos, a la ingenuidad de la niñez y todos queremos ser ese hombre desgarbado que abraza la carne de Kobe y se olvida de mencionar a Fernando Martín en las dedicatorias. Te perdonamos, porque, mientras yo voy tirando de colaboraciones periodísticas y me he adaptado a la vida marital después de dar algunos tumbos, tú, hombre lánguido y misterioso, has destapado el tarro de las esencias baloncestísticas en tu tercera reinvención. Hace tiempo que no tengo ningún esguince, pero sigo esforzándome por reunirme con otros individuos los martes por la tarde para rendirte pequeños homenajes, para mantener viva la llama que has prendido para siempre.

La normalidad vuelve a las canchas y yo seguiré empeñado en mejorar mi defensa. No importa lo que ocurra en el futuro. El viento ha amainado y sopla una suave brisa. En el campo de los sueños sólo se divisa una planta, que sobresale por encima del resto de seres vivos. Es el bambú, esbelto y precioso con las primeras luces del alba, cobrando un bello e irresistible color dorado.
 

 
La destrucción de un pabellón mítico
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Viernes, 16 de Octubre de 2009 16:15

Ciudad Deportiva. Año 1999. Los 500 aficionados rugen como si fueran 5.000. Saca Lobato guiado por las indicaciones numéricas bajo cuerda de Óscar Villegas. En cancha a la espera del misil, Miltcho Milanov, Fran González, Rubén Barba y el inefable Danny Pointe. Enfrente, todo un Unicaja Almería. A finales del siglo XX, el voleibol se convirtió en un milagro noche tras noche en Huelva con un equipo guerrero que, con la batuta firme de José María Benabat, logró el hito histórico de jugar en Europa.

Es sólo un ejemplo de la historia, de los momentos inolvidables que hemos vivido muchos onubenses en el pabellón cubierto de la Ciudad Deportiva, que tiene fecha de defunción. Sí. En tiempos de crisis, los responsables de la Consejería de Comercio, Turismo y Deporte y la empresa que tiene asignada su gestión, IDH, han tenido la genial idea de derribar no sólo el pabellón, sino todas las instalaciones con el fin de levantar edificios nuevos, nuevas y lujosas salas para que los nuevos ricos practiquen 'body-pump' y nuevas fotos donde figurar.

Señores míos, no confundan el progreso con la mala gestión. Una reforma del pabellón actual, que ha albergado campeonatos de España de tenis de mesa y de bádminton durante cerca de medio siglo, habría sido suficiente y mucho más barato que tirarlo todo por tierra para levantar un conglomerado nuevo, sí; bonito, sí; reluciente, sí; pero sin el encanto ni el valor histórico que tiene la actual Ciudad Deportiva, que ya fue rehabilitada y reestructurada hace pocos años. Hay otro problema. Una trabajadora de la instalación me asegura que no sabe si el proyecto contempla la construcción de un nuevo pabellón cubierto con canastas. Me cuesta creerlo. Durante los meses que dure la obra, ¿qué hacemos los socios que practicamos baloncesto? ¿Jugar en la pista de fuera, en la que nosotros mismos tenemos que colocar las canastas en su sitio, porque se encuentran arrinconadas? ¿Y si llueve? ¿Nos metemos en el gimnasio a tirar pesas al cesto de la ropa sucia? Hace pocos días fui a jugar con mis amigos una pachanga, como cada domingo que regreso a mi ciudad, y nos encontramos con que el sistema hidráulico de subida y bajada de las canastas "estaba estropeado" (sic). Supongo que están ya preparando el terreno para quitarse de en medio a los pesados del basket y poder lanzar cuanto antes la bola de la demolición. Pero no sólo es el derribo de un edificio. También es un dardo contra nuestros sentimientos más profundos. Contra los partidos a rey de pista que jugábamos hace 20 años. Contra figuras del deporte nacional, como el jugador de bádminton Carlos Longo, que empezó a obtener los primeros éxitos en el pabellón del Conquero. Es la demolición del respeto para levantar nuevos 'O2', nuevos centros de alto rendimiento con cristales transparentes, máquinas monstruosas, bebidas energéticas repletas de productos químicos de dudosa procedencia y culto al deporte individual y monitorizado. El objetivo último, seguramente, será multiplicar por dos o por tres la cuota de abonado.
 
Me gustaría saber cómo se pondrían los sevillanos si, de buenas a primeras, el Ayuntamiento de Sevilla decidiera derribar el pabellón de San Pablo para crear un centro de 'fitness'. ¡No podemos ser tan conformistas con las decisiones de nuestros políticos! Hay que hacerles ver, con argumentos, que los proyectos pueden ser modificados y que algunas decisiones pueden ser erróneas.

Vivimos en la cultura de lo nuevo. Lo nuevo siempre parece más bueno a ojos del capitalismo y no es así. Con un cambio de parqué y una limpieza de aros, tableros y gradas sería suficiente para dar lustre al lugar donde nos hemos dejado nuestro esfuerzo físico en las Ligas del Patronato, nuestras risas, nuestros amigos... Desgraciadamente, si la obra faraónica se consuma, lanzaré mi carné de socio al vacío desde lo alto del Conquero y no volveré a subir más la cuesta de la barriada del Carmen para encontrarme con Lolo, Miguel, Damián, David y Pedro.

La Ciudad Deportiva empezó a construirse en 1962. El obstáculo más complicado de la fase de construcción fue el desmonte de una elevada cantidad de toneladas de tierra en las laderas circundantes. En la sesión plenaria del 15 de junio de 1964, el Consejo Provincial de Huelva, por aclamación, acordó otorgarle el nombre de 'Ciudad Deportiva del Movimiento Camarada Pérez Cubillas'. 45 años después, quieren que el sueño de aquel Gobernador civil -que luego daría nombre a una barriada con pesado tráfico- de construir un lugar donde amigos y familiares, jóvenes y maduros, pudiesen reunirse en torno a un balón, se convierta en pesadilla.
 
En la página web de la Empresa Pública de Deporte Andaluz definen así a la Ciudad Deportiva: "Está destinada preferentemente al deporte para todos. Actualmente se encuentra inmersa en un proceso de profunda transformación con la incorporación de elementos destinados al deporte salud". Pues bien, amigos míos, la sentencia no se cumple, ya que los aficionados al baloncesto, al tenis de mesa y al bádminton, entre otras actividades, se quedarán para siempre sin un sitio mítico donde practicar su deporte favorito. Tenemos la certeza de que aquella Arcadia romántica está abocada a la desaparición y, en su lugar, nacerá un cubo frío donde las gentes pudientes podrán hacerse masajes, 'peelings', baños de burbujas y programas dietéticos. Y luego querremos despuntar en los deportes de equipo.
 
Creo que en Huelva -y en España en general- tenemos ya suficientes gimnasios 'megamodernos' como para convertir un lugar de deportes de equipo en una caja gigante de bicicletas estáticas con música hortera. Vamos a evitar en lo posible la robotización de las personas. Un ejemplo de que las cosas se pueden hacer de otra manera es el pabellón Andrés Estrada, que sufre actualmente una remodelación necesaria. No hace falta tirar abajo la legendaria cancha en la que el Ciudad de Huelva ascendió a la ACB. Vale con lavarle la cara y cambiarle la ropa. Otra historia distinta es la lamentable gestión municipal del Patronato de Deportes. Lo dejo para otro artículo. Si Pérez Cubillas levantara la cabeza...
 
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